lunes, 29 de abril de 2013

El candidato que yo votaría…si existiera”


La siguiente es una carta publicada días atrás por un compatriota. Queremos enterarlo que ese candidato por el que clama, existe y lucha contra viento y marea.  Es el Coronel Luis María Agosto, que tiene respuestas a cada una de las quejas que contiene su misiva, y --más importante aún que un programa-- acredita y respalda la fidelidad popular que merece con una limpia trayectoria en que Nunca Engañó al Pueblo.

Bloque Cívico UNIDAD NACIONALISTA Y POPULAR - LISTA 29

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Texto de la carta:
Integro la amplísima mayoría de ciudadanos que no se sienten representados por ninguno de los candidatos existentes.  Formo parte de la legión de los que votan para no que no les expropien el sueldo o la jubilación por el “delito” de no concurrir a las urnas; o de los que quieren autoengañarse imaginando que por arte de magia surgirá algo “menos malo”, o, quizá, de los que participan en la jornada electoral por falta un entretenimiento más barato o porque el barullo “cívico” los priva de un sueño reparador y, ya desvelados, salen a votar por alguien –por cualquiera.

Abusiva situación para cada uno de nosotros, los Desengañados por el Sistema,  así despojados del derecho de participar en la vida cívica según lo ordene nuestra conciencia, con posibilidad de elegir entre opciones reales y certeza de contribuir al bien común de la Nación y el pueblo, en lugar de cumplir el triste papel de legitimar la presencia en cargos oficiales de oscuros e ignaros personajes cuyo único afán es aferrarse con uñas y dientes a sus butacas, aunque para ello tengan que servir intereses poco presentables ante el tribunal de su conciencia.

Me resulta imposible acompañar a los grupos existentes, pues aunque me desvele estudiando programas, descifrando plataformas y soportando discursos, no encuentro respuesta aceptable a estas sencillas preguntas:

ü  ¿Qué candidato lucha por impedir que se pague por adelantado la deuda
externa, y así evitar que el gobierno marxista prosiga impunemente, sin irritar a su Gran Hermano del Norte, su macabra faena de estatización y destrucción de la clase media, y de enajenación de los recursos económicos de los orientales?
ü  ¿Qué candidato rechaza la instalación de bases militares y guerrillas
extranjeras en América, considerando que cada una de esas dos cosas sirve de pretexto a la otra  y ambas ultrajan la soberanía nacional?
ü  ¿Qué candidato no basa su plataforma exclusivamente en un materialismo
zoológico, en que lo único que se propone son medidas económicas (además, antipopulares)?
ü  ¿Qué candidato tiene el coraje de los tiempos bravíos de la Independencia y
se atreve a exigir un plebiscito a favor o en contra de la pena de muerte por delitos atroces como el narcotráfico, la violación o la traición a la patria?  ¿Eso de la soberanía popular es realidad o engañifa?  ¿No se teme por el futuro de una democracia que tanto exaltan a la hora de los discursos vacíos?  Porque si es que el pueblo es soberano, como dicen, no puede sustraerse a su competencia ningún tema sin que el sistema mismo se desnaturalice y resquebraje.
ü  O bien, ¿qué candidato, por considerar inadmisible que el Estado suprima la vida humana --aun la de los grandes criminales y otros detritus sociales-- al mismo tiempo, con exigible coherencia Y CON TANTO MAYOR RAZÓN que en el caso de los forajidos, rechaza el asesinato “legal”, vía aborto criminal, de los más indefensos de nuestros compatriotas: las niñas y niños en el vientre materno, o la eliminación de los enfermos “incurables”, prácticas que algunos de esos mismos candidatos impunizaron para ablandar éticamente y así dominar POLÍTICAMENTE al pueblo uruguayo?  Véase el caso de Rafael Michelini:  el mismo individuo que clama con vehemencia ante el asesinato de su padre, contribuyó a la impunidad de los abortistas que asesinan, torturan y desaparecen niños inocentes, que para él no cometen crímenes de lesa humanidad imprescriptibles, extraditables y escrachables, ni son terroristas de Estado, por más que fue el Estado, instigado por Michelini y sus émulos de la Coalición Abortista, el que desistió de su “pretensión punitiva” de tan salvajes prácticas.
ü  ¿Qué candidato propone una reforma constitucional que declare al Uruguay como República de Trabajadores –en sentido no clasista de la palabra- y condene con privación de la libertad y de la ciudadanía a usureros y demás parásitos sociales y a quienes desvirtúan la honrosa función del sindicato haciendo de él un apéndice de organizaciones políticas ajenas y contrarias al ser nacional?  Nosotros los Ciudadanos Excluidos no dudaríamos en votar por ese candidato y militar en sus filas.
ü  ¿Qué candidato me pide el voto para duplicar o triplicar los sueldos de la
Salud, la Policía y las Fuerzas Armadas, y las jubilaciones y pensiones, por duros que sean los sacrificios que ello imponga a la casta política reinante, incluida la reducción del Parlamento por baja productividad; la devolución del avión presidencial aunque privemos al Primer Mandatario de ese símbolo de status; la revocación de los aumentos de sueldos de hasta 115% agraciados a los jerarcas progresistas, y otras medidas que el pueblo, que no es muy refinado, no comprende que son “vitales e imprescindibles” para su felicidad y para un “país productivo” que disfrutaremos en un brumoso futuro? 

Yo, por ejemplo, no intuyo que mi existencia vaya a mejorar porque con millones incautados al pueblo se construya el “Parque Temático Líber Seregni” en honor del fundador del Frente Amplio.  Me es difícil justificar semejante galardón a una figura ideológicamente brumosa, batllista convencido trasmutado en castrista convencido con vocación verde oliva, con un intervalo de militarizador de empleados bancarios, a quienes el finado General invitaba a mejorar su silueta circulando a paso ligero por la rambla soportando los rigores del clima, y estratega ocupador de “tambos subversivos”, cuyos propietarios, ante las imprevisiones del mando que dejaron a la tropa ocupante sin el rancho, no dudaron, como orientales bien nacidos que eran, en alimentar gratis a los soldados a quienes el “General del Pueblo” les había ordenado reprimir las legítimas medidas gremiales de los tamberos.  Tampoco se gana mi voto el Frente Amplio con originales proyectos como el de entregar medallas de honor a los turistas de cruceros sodomíticos que nos traerán divisas y nos traerán otras cosas.

ü  ¿Qué candidato me pide el voto para “raspar hasta el hueso” en la ciénaga de la corrupción – la frase es de un hombre honesto, el Presidente Gestido, cuya muerte se apresuró cuando comprobó la magnitud del problema? 

ü   ¿Qué candidato se moviliza para someter a juicio político a un Presidente que exalta públicamente el materialismo histórico, como si ese no fuera el sistema que ha costado más sangre, sudor y lágrimas en toda la historia humana? Sistema, además, engendrado, financiado y dirigido por el supercapitalismo internacional para eliminar todos los derechos de los trabajadores.  Tampoco conozco ninguna coalición, candidato, bancada, agrupación o comité de base que exija la destitución de Ministros que en conferencias de prensa se jactan de su única “obra”:  más emisiones de bonos que perpetúen la servidumbre de la deuda entre las generaciones a las que no se les pregunta qué opinan de ser siervos de los Rockefeller, simplemente porque no han nacido?

ü  ¿Qué candidato incluye en sus sagaces y luminosos manifiestos la prohibición constitucional de que ocupen cargos ministeriales, parlamentarios, educativos o de manejo de la salud de la gente individuos con antecedentes por homicidio, rapiña, secuestro y conspiración para someter al Uruguay a poderes extranjeros, por más que los tales se hayan convertido, por laico milagro, en demócratas químicamente puros?

Pero, sin desalentame, sigo mi honrado papel de Diógenes, para en busca de ese candidato que con su IDEOLOGÍA DEL SENTIDO COMÚN supla los vacíos y cauterice las lacras de un sistema que ha desalojado inconstitucionalmente del Poder a sus legítimos dueños:  los ciudadanos orientales.  Y ¡atención! que lograrlo no sólo nos conviene, sino que es nuestro deber ante la Historia.

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